Es un hecho que al Papa Francisco no le importa fingir. Con la seguridad que le da su posición de poder, al impostar consignas y derrochar gestos, lo que hace es burlarse de sus subordinados.
Pero cada tanto la realidad vuelve por sus fueros. Como todos los poderosos de este mundo, tiene pies de barros, y a veces se olvida de eso: se pone “borracho de poder”, como le dice el artista cubano Juan Medici en su canción “Pídale perdón a Cristo”.
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Este pontificado
llega a su ocaso provocando escándalo, tristeza, desazón, decepción… Cuando le
toque presentarse ante el tribunal del Cristo, del cual es Vicario, aunque se
comporta como Sucesor, no serán muchos los que quieran estar en sus zapatos
negros. Y no estarán los poderosos del mundo para abogar por él. Parece que no
tener el cuenta el sic
transit gloria mundi!
Cuando la figura de Francisco PP comience a diluirse en el olvido, iniciará para su sucesor, y para la Iglesia toda, el gran desafío de remontar un período en el que el sentido sagrado de la autoridad como servicio se desgastó y degradó en complicidad y obsecuencia para con los poderes intramundanos. - -
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