Ya vamos perdiendo la cuenta de las veces en que el Soberano Pontífice nos viene fastidiando con el tema de "la rigidez". Recientemente, una vez más: a los pacientes feligreses de la diócesis de Roma, al iniciar el proceso sinodal, les ha dicho: "La rigidità è un’altra perversione che è un peccato contro la pazienza di Dio, è un peccato contro questa sovranità di Dio" (“La rigidez es un pecado contra la paciencia de Dios") DISCURSO.
Un tema a estudiar sería en qué consiste el dicho "pecado" de rigidez: su naturaleza y cómo se inscribe en el conjunto de virtudes y vicios dentro de cuyas constelaciones transcurre el combate moral del cristiano.
De tanto escucharlo hablar de rigidez, vamos teniendo la impresión de que es él quien se siente rígido... anquilosado, esclerótico, disecado, fosilizado.
Como que cuando habla parece que estuviera mirándose al espejo, y hablase de lo que ve. Mismo que cuando habla de caras de pepinillo en vinagre...

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