Jesucristo eligió a Pedro para ser su Vicario, es decir, para hacer las veces de Él; para representarlo -no para reemplazarlo-, confiriéndole la singularidad de que él, el Papa, el primero de los Apóstoles, sea el primer testigo de la verdad ¿Cuál verdad? Que sólo Cristo es el Salvador, el Mesías, el Hijo único de Dios.
Sobre esta "piedra" (la confesión de fe) se asienta la Iglesia y tiene sentido el ministerio de Pedro. El primero de los Papas lo entendió, aunque no le fue fácil: el Evangelio nos muestra su debilidad humana: no bien recibida la Promesa y alabanza del Señor ("Feliz de ti, Simón... esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre... Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos" Mt 16), el pescador de Galilea pretende corregir las enseñanzas del Cristo, aprovechando que Él es -según la carne- varios años menor que Pedro ¿Y qué ocurrió? Que el y le reprocha haber sucumbido a un modo carnal de entender la misión del Mesías, y lo llama "Satanás".
A lo largo de la historia de la Iglesia ha habido Papas santos y pecadores: Papas muy santos y Papas muy pecadores. Pero, hasta donde sabemos, ninguno de ellos se ha empeñado en cambiar la naturaleza de la comunidad fundada por Cristo. Algunos han vivido sumergidos en la mundanidad (como León X, a quien la noticia de la rebelión de Lutero lo sorprendió en un baile de máscaras) e incluso en pecados abominables, como Juan XII, de quien Roberto de Mattei, siguiendo a san Roberto Belarmino, dice que fue quizá el peor Papa de la Historia.
Sin embargo, los pecados de un Pontífice como persona particular no son determinantes para la vida de la Iglesia: no, al menos, en mayor medida en que lo sean los actos de cualquier bautizado, miembro del Cuerpo Místico. Pero lo que sí afecta (beneficia o perjudica) son sus actos de gobierno ("apacienta mis ovejas... apacienta mis corderos..." Jn 21), el modo en el cual cumpla (u omita) el ejercicio del triple oficio, común a todos bautizado, pero que -por el Primado- ejerce en un grado superlativo. Y en este sentido, puede decirse que, aunque el Papa Francisco no sea el peor Papa de la historia (en el sentido de su persona) sí es el peor pontificado que ha habido: en período nefasto en que se fomenta a los malos y se castiga a los fieles (laicos o consagrados).
Desde sus tiempos de Obispo y Cardenal, repite como una muletilla: "recen por mí". Sí, Papa Francisco: rezamos por su salud física y espiritual, y suplicamos al Señor que resguarde a su Iglesia y a Ud. le quite las ocasiones de seguir dañando a los que fueron rescatados por la Sangre de Cristo. Rezamos por su salvación. +

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