Francisco P.P, el hombre anti-eucarístico


En su encíclica «Ecclesia de Eucharistía», el Papa san Juan Pablo II llama a Nuestra Señora “Mujer Eucarística” (cap. 6). El Misterio Eucarístico está en el centro de la vida de la Madre del Redentor, y no puede ser de otro modo, dado que dicho Misterio concentra toda la vitalidad de la Salvación: ella es “fuente y culmen” (Catecismo de la Iglesia Católica 1324, Lumen Gentium 11) pues “contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, Cristo mismo, nuestra Pascua” (Presbyterorum Ordinis 5).

El camino de la Iglesia en la Historia puede mirarse desde una “perspectiva eucarística” como el desarrollo del reconocimiento y la devoción ante la Presencia Real: no se trata de algo que surja o “se construya” desde la capacidad y las experiencias humanas, sino que es obra de Dios, a veces a través de intervenciones suyas directas (revelaciones privadas y milagros) como las que dieron origen a la Solemnidad de Corpus Christi.

Por eso, el Papa Benedicto XVI decía en la Homilía de la Solemnidad del año 2012:

“Me complace subrayar también que lo sagrado tiene una función educativa, y su desaparición empobrece inevitablemente la cultura, en especial la formación de las nuevas generaciones. Si, por ejemplo, en nombre de una fe secularizada y no necesitada ya de signos sacros, fuera abolida esta procesión ciudadana del Corpus Christi, el perfil espiritual de Roma resultaría «aplanado», y nuestra conciencia personal y comunitaria quedaría debilitada”.

 

La Roma «aplanada» de Francisco P.P.

Este Año del Señor 2022 la ciudad de Roma ha quedado, una vez más, sin procesión de Corpus. “Una vez más” pues en todo el mundo faltó en los días de las restricciones pandémicas. El pretexto fueron las dolencias físicas del Pontífice, que lo han obligado a usar silla de ruedas.

Decimos “pretexto” porque, si bien las limitaciones corporales del Papa se van acentuando de forma evidente, no son recientes: desde el inicio de su pontificado se conocen tus afecciones de ciática. Pero eso no le ha impedido arrodillarse e inclinarse para besar los pies de los líderes de Sudán del Sur (año 2019), siendo, por el contrario, poquísimas las veces en que se lo ha visto arrodillado ante el Santísimo Sacramento.


No sólo eso: desde el año 2017 la solemnidad con su procesión ya no se celebra en jueves, día eucarístico por excelencia, ni en la Basílica de Letrán, que es la Catedral del Papa como Obispo de Roma. Desde ese año se ha ido degradando la dignidad de esta fiesta hasta no figurar en la publicación de la Oficina de las Celebraciones Litúrgicas de este año, siendo anunciada la ausencia del Sumo Pontífice a último momento y por un simple comunicado de prensa.

 

«Sin temor de Dios» (cfr. Lc 18, 4)

No es exagerado decir que el Papa Francisco es un hombre sin devoción y sin temor de Dios. A pesar de sus poses mediáticas (desde el inicio se le ha reconocido su gran talento en la gestión de imagen –que algunos admiran), sus gestos –y su mismo rostro– no denotan piedad. Y como el amor a Dios y al prójimo van a la par, no es de asombrar su rispidez para con los demás, a los cuales trata como meros subordinados.

Puesto que, didácticamente, se dice que “un ejemplo ahorra muchas explicaciones”, vayan aquí algunos, espigados al azar del recuerdo espontáneo. Hacer una lista completa sería interminable, pues equivaldría a reseñar todo este pontificado.

1. Hace interrumpir la misa al Cardenal Müller para reprenderlo. Se trata de un hecho que habría sucedido en el primer año de este reinado. Lo reporta Marco Tosatti en un artículo de 2017 titulado “The Good Soldier”  (ver AQUÍ). Obviamente es imposible pedir que el Cardenal lo corrobore. Nos preguntamos: ¿no es una impiedad que un Papa use (abuse de) su autoridad para interrumpir la celebración del Santo Sacrificio? Sólo se puede agregar que también es reprochable la cobarde docilidad del Cardenal en esa ocasión, que por capricho de un inferior (un simple mortal) interrumpe la “audiencia” que le ha concedido la Santísima Trinidad a través de la Liturgia.

2. Se ausenta de la Celebración de la Misa «in Coena Domini» para ir a concelebrar con un Cardenal acusado de corrupción financiera (año 2021). Ver AQUÍ. No hace falta distraerse en los entretelones del “caso Becciu”, que son verdaderos pasos de comedia. Lo que lastima y escandaliza es el destrato a Nuestro Señor en los días santos de la Semana Mayor, particularmente en el día de la institución de la Eucaristía, del Sacerdocio Católico y del Mandamiento Nuevo del Amor.


3. El rito del lavado de los pies adulterado (Jueves Santo). Cuando ha presidido la celebración pública, no se trata sólo del lugar, como en este año, en que eligió una cárcel, sino de los gestos, con los cuales se saltea y altera/modifica las indicaciones litúrgicas. Los libros indicaban (hasta la reforma del propio Papa Francisco) que para la acción del lavado de los pies se debían elegir «varones», suponiendo además que fuesen cristianos. Pero en las celebraciones del Papa Francisco vemos que no sólo mujeres sino un transexual ha estado entre los que son elegidos para esta acción. Siempre se ha entendido que, al representar a los Apóstoles en la Última Cena, aquellos cuyos pies eran lavados en la ceremonia representaban también a los elegidos para el Orden Sagrado, que según la Doctrina Católica se reserva a los varones. Luego de haberse salteado varias veces las normas, Francisco ordena una modificación de las mismas, en el año 2016.

4. Actitud desacralizadora. Hombre de acción sin contemplación, no entiende lo sagrado y confunde lo exterior con lo superfluo, prescindible y descartable, con algo que estorba y que puede, por tanto, eliminarse. Por ejemplo, los ornamentos litúrgicos: así, recientemente ha “concelebrado” en la iglesia de los jesuitas, en Roma, sin usarlos (ver AQUÍ), lo cual es “reprobado” en la Instrucción “Sacramentum Redemptionis” n. 126. Se puede ver al Papa extendiendo su mano y pronunciando las palabras de la Consagración sin ornamento alguno. Secretum Meum Mihi, un blog católico siempre alerta “que a veces trata temas que los grandes medios de comunicación no tocan”, ha notado que la agencia de propaganda pontificia Vatican News ha editado el video de dicha celebración, eliminando 18 minutos de la misma (ver AQUÍ), señal de alguien se percató de que la “informalidad” papal es un mal ejemplo que conviene no mostrar.

5. Actitud burlesca. Se podría, como ya se ha dicho, hacer un amplio elenco de los momentos en que el Papa no sólo se ha mostrado displicente con los gestos de piedad, sean litúrgicos o no, sino que ha “corregido” o se ha burlado de algunas prácticas, que no son, ciertamente, de la esencia de la acción sagrada, pero forman parte de la devoción cristiana. Y esto, desde el inicio de su pontificado, como cuando separó las manos de un monaguillo que acompañaba la oración por los fieles difuntos el 2 de noviembre de 2013. Aleteia, una de las agencias noticiosas que más rápidamente se ha encolumnado en la tarea políticamente correcta de alabar e interpretar los gestos del Papa, dice: “… el Papa no quiere rigidez en las formas o formalismos (muchos de ellos) vacíos que a veces se hacen para aparentar; el Papa quiere espontaneidad, distensión, que todo fluya con naturalidad”.

No un capítulo sino varios tomos llevaría hablar sobre los atropellos del actual Pontífice contra la celebración de la misa tradición, en franca oposición a la fe católica («lex orandi, les credendi») cuya expresión reciente más fiel fue el Motu Proprio “Summorum Pontificium” de su predecesor Benedicto XVI. 

 

«El hombre puramente natural no valora lo que viene del Espíritu de Dios» (1 Cor 2, 14)

Recientemente, el Papa ha regañado también a los Obispo de Sicilia en visita ad limina por la predicación y por el uso de puntillas en los oficios sagrados. El blog Caminante Wanderer, al reseñar el episodio, afirma con contundencia que el Papa “no conoce nada de liturgia, no la entiende y, porque no la entiende, no le interesa” (ver AQUÍ).

Adherimos a esta hipótesis. No nos parece que el Papa Francisco intente deliberadamente destruir o estropear la Liturgia, aunque de hecho lo haga. Consideramos que no se trata sino de una consecuencia inevitable de su inanidad, no intelectual sino espiritual, propiamente dicha. Sus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres (cfr. Mt 16, 23). A diferencia de su predecesor, el primer Papa, se resiste a asimilar el reproche de Nuestro Señor. Ha sustituido la fe por el poder, y según este «valor» ordena sus prioridades. Considera la Liturgia un arma que puede esgrimir contra sus adversarios, y así, entonces, abusando de su autoridad, con ella golpea en donde les duele a los que detecta como sus enemigos, a los que describe como los “rígidos”, y otros epítetos semejantes.

Él es un hombre pragmático. Nadie niega su talento. Pero como dice el sabio Job: “Dios sorprende al astuto en su propia astucia” (Job 5, 13) y por eso, más de una vez, se expone al ridículo. Lo que preocupa es que, de todas maneras, perjudica: el daño ocurre. Y es lo que debemos tratar de evitar, oponiendo una “filial resistencia” ante un padre (Papa) con sus facultades cada vez más deterioradas, la cual debe estar apuntalada en la formación y en una serena fidelidad a la auténtica regla eclesiástica que no puede ser abolida por ninguna autoridad que se oponga a su propio origen (cfr. Jn 19, 11).


Conclusión: Orar

Casi como una muletilla, repite siempre el Papa Francisco: oren por mí. Sí, por supuesto: oramos por el Romano Pontífice, para que no caiga en manos de sus enemigos… sobre todo, los de su propia alma. –

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