1. Papa Francisco ha publicado el 16 de julio ppdo. (2021) un Motu Propio “sobre el uso de la Liturgia Romana antes de la reforma de 1970” urgiendo su aplicación «inmediatamente», aunque su publicación en las Acta Apostolicae Sedis vaya a ser posterior. Se ve que le preocupa cualquier retraso o vacilación que pueda haber.
2. En el § 4 indica los requisitos que ha de tener el sacerdote que se designe para la celebración de la Misa en lo que el Papa emérito Benedicto XVI denominó la “forma extraordinaria” del único rito romano: “El sacerdote deberá ser idóneo para esta tarea, competente en el uso del Missale Romanum anterior a la reforma de 1970, tener un conocimiento del latín que le permita comprender plenamente las rúbricas y los textos litúrgicos…”, etc.
3. Dado que no todos los sacerdotes ni fieles tienen ese conocimiento, y sin ser nosotros mismos expertos, podemos quizá –diccionario en mano– contribuir a esa “plena comprensión” no sólo de las rúbricas y textos litúrgicos, sino también del documento papal en cuestión.
4. Comenzaremos, pues, por el título del mismo: según la costumbre eclesiástica, se toma de las primeras palabras, en este caso, “custodes traditionis”, mediante el cual se designa aquí a los Obispos en comunión en el Obispo de Roma.
5. Ante todo, es importante contribuir a disipar las dudas que haber pudiera. En todo idioma, la polisemia es una riqueza, pero puede implicar también ambigüedad y ser causa de confusiones.
6. En la lengua latina, la palabra “traditio” significa “tradición”, pero también “traición”. Esto ocurre porque la acción a la cual refiere el verbo “trado” es “entregar”, acción que puede tener por objeto una cosa o una persona. Al ser un movimiento, la acción de “entregar” tiene dos términos: el origen (término a quo) y el destino (término ad quem), y según la cualidad de “lo que” se entrega y de la persona “a la cual” se entrega (como receptor, es decir: el objeto indirecto, que en latín va en caso dativo) es que la acción puede ser valorada como buena o como mala: en el primer caso, se trata de una simple entrega o transmisión, que se designa habitualmente (cuando reviste un carácter más institucional) como “tradición”; en el segundo, se denomina “traición”.
7. Cierta ambigüedad es inseparable de todo idioma natural. Esto, a pesar de que conlleve una innegable dificultad, implica al mismo tiempo una riqueza y sobre todo una flexibilidad, que es propia de todo lo vivo y natural.
8. En concreto, en relación al término que nos interesa: «TRADITIO», podemos ver el doble sentido de esta “entrega” que designa el término en dos pasajes bíblicos:
- 1ª Cor 11, 23: Ego enim accepi a Domino, quod et tradidi vobis, quoniam Dominus Iesus, in qua nocte tradebatur, accepit panem. Dice el Apostol: lo que recibí y os entregué [la tradición]… la noche en que era entregado [también significa “traicionado” por Judas Iscariote; aunque también designa la auto-entrega de Jesús, que da su vida para recuperarla en la resurrección.
- Mt 26, 15: et ait [Iudas Iscariote]: “Quid vultis mihi dare, et ego vobis eum tradam?”. At illi constituerunt ei triginta argenteos. Aquí el “entregar” es sinónimo de “traicionar”. Por eso el Iscariote es llamado “el traidor”.
9. Un pequeño botón de muestra de esta flexibilidad y ambigüedad del idioma lo tenemos en la lengua italiana, derivada del latín, como el castellano (se las denomina, con otras, como “lenguas romances”, es decir, derivadas del idioma de Roma). Existe el refrán: “traduttore, traditore”, que significa “el traductor es un traidor”. Alude a la dificultad de trasladar adecuadamente lo dicho en una lengua a otra: a veces, el traductor “traiciona” el sentido del texto original.
10. Al momento de publicar esta entrada, el documento que comentamos –el motu proprio papal– todavía no ha sido traducido a la lengua latina, que sigue siendo la lengua oficial de la Iglesia. Por lo visto, la premura del Pontífice para que se cumpla su disposición lo ha llevado a esta desprolijidad, que en realidad se ya habitual, pues son pocos los documentos que se llevan a la lengua eclesiástica. Quizá los colaboradores del Papa desisten de la ardua tarea de latinizar sus argentinismos y personalismos: misericordiar, primerear, ningunear, etc.
11. Llegado el caso de que finalmente se vierta al latín este documento, y habida cuenta de la costumbre del Pontífice de romper los protocolos y las formalidades, sugerimos desde este periférico blog modificar el título “traditionis custodes” y sustituirlo por “proditionis fautores”, que nos parece más acorde al espíritu del mismo. En efecto, la determinación papal se propone “arrebatar” en cierto modo la Presencia del Amigo (Mt 9, 15) privando a sus discípulos –feligreses y celebrantes– de la dulzura de la liturgia tradicional.
12. Señalemos, no obstante, que con esta avanzada, el Pontífice y los Obispos que quieren congraciarse con él (como lo ha hecho la Conferencia Episcopal de Costa Rica en pleno) se integran en la Gran Tradición de la Iglesia, que es el Misterio del Sacrificio de Cristo, continuando la acción de los sacerdotes y letrados judíos que “entregaron” a Jesús (Mt 27, 18).
No “custodios de la Tradición”, entonces, sino “promotores de la traición”.
10. Al momento de publicar esta entrada, el documento que comentamos –el motu proprio papal– todavía no ha sido traducido a la lengua latina, que sigue siendo la lengua oficial de la Iglesia. Por lo visto, la premura del Pontífice para que se cumpla su disposición lo ha llevado a esta desprolijidad, que en realidad se ya habitual, pues son pocos los documentos que se llevan a la lengua eclesiástica. Quizá los colaboradores del Papa desisten de la ardua tarea de latinizar sus argentinismos y personalismos: misericordiar, primerear, ningunear, etc.
11. Llegado el caso de que finalmente se vierta al latín este documento, y habida cuenta de la costumbre del Pontífice de romper los protocolos y las formalidades, sugerimos desde este periférico blog modificar el título “traditionis custodes” y sustituirlo por “proditionis fautores”, que nos parece más acorde al espíritu del mismo. En efecto, la determinación papal se propone “arrebatar” en cierto modo la Presencia del Amigo (Mt 9, 15) privando a sus discípulos –feligreses y celebrantes– de la dulzura de la liturgia tradicional.
12. Señalemos, no obstante, que con esta avanzada, el Pontífice y los Obispos que quieren congraciarse con él (como lo ha hecho la Conferencia Episcopal de Costa Rica en pleno) se integran en la Gran Tradición de la Iglesia, que es el Misterio del Sacrificio de Cristo, continuando la acción de los sacerdotes y letrados judíos que “entregaron” a Jesús (Mt 27, 18).
No “custodios de la Tradición”, entonces, sino “promotores de la traición”.

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