Francisco P.P. es el Vicario de Cristo, no su Sucesor, aunque así parezca entenderlo él, y muchos de sus admiradores.
El Papa es el Sucesor de Pedro:
ocupa provisoriamente la Cátedra no para sorprender con nuevas enseñanzas sino
para confirmar la fe de sus hermanos (san Lucas 22, 32), orientándolos en una
mejor comprensión del depósito de la fe (2ª Tim 1, 14).
Sin embargo, el Papa argentino
parece haber entendido que la feligresía católica es un público cautivo que
debe seguir y aplaudir sus malabarismos conceptuales.
“El Papa de las sorpresas” parece
empeñado en sacar de su galera (o de su solideo) insólitas ocurrencias para
mantener en vilo a un público (porque no se trata aquí de categorías de fe,
aunque se utilicen algunos términos religiosos) al cual cada vez menos
sorprende y más bien aburre.
A pocos días de la fiesta de la
Cátedra de San Pedro, celebración que honra la altísima misión que Dios confió
a su Iglesia de anunciar la Verdad que salva, nuestro sorprendente Papa hace
firmar al Mons. Gallagher, secretario vaticano para las relaciones con los Estados,
un mensaje dirigido al Director General de la F.A.O. con motivo del “Día Mundial de las legumbres” (para leer el mensaje papal, haga clic aquí).
A decir verdad, un no sabe si reír o
llorar al leer el mensaje. Y también nos asalta la duda de si el dicho mensaje
va en serio o –como se dice en los pagos del Pontífice– “nos está tomando el
pelo”.
Si lo tomásemos en serio, deberíamos
decir que la invitación papal al convite leguminoso desentona con las
propuestas de Cristo, que habla de un festejo por el regreso del hijo pródigo a
cuya mesa se proveyó con un ternero engordado (Lc 15, 23) o la celebración de
la cena pascual del mismo Cristo, para la cual, conforme a las mismas
prescripciones divinas del Antiguo Testamento, se sacrificó un cordero que
sería comido: “díganle al dueño de la
casa donde entre: El Maestro dice: «¿Dónde está mi sala, en la que voy a comer
el cordero pascual con mis discípulos?» (Mc 14, 14).
Es verdad que Cristo también se
refirió también a los vegetales en su predicación, pero lo hizo para graficar
sus enseñanzas sobrenaturales sobre el misterio de la Iglesia (parábola del
grano de mostaza, Mt 13, 31).
Pero también podemos enriquecer
creativamente nuestra exposición de dos maneras: concluye el Pontífice su breve
mensaje citando a su coterráneo, el elegante impío Jorge Luis Borges; tocante a
nuestro tema, puede el lector disfrutar el arte de Doña Jovita con su
adaptación humorística “Son los porotos”.
Además, ofreciendo una plegaria inspirada en las elucubraciones papales, aclarando que no se trata de una parodia sino, meramente, de una elaboración en continuidad, como puede comprobarse leyendo el mensaje mismo y su descripción de las virtudes y lecciones de vida (como la capacidad de resiliencia) que nos proponen las legumbres:
Oración, salutación y alabanza a las
legumbres
Oh nobles y amables legumbres,
cuyo linaje, plasmado en el término latino “legumen”
nos conecta con el “numen” ancestral del planeta,
la casa común en la cual compartimos el viaje sideral
de un modo más completo que como lo hiciera Noé,
el cual reunió en su arca a los animales,
pero dejó perecer bajo el agua a vuestros ancestros verdes:
hoy nosotros, bajo la guía benigna de las Naciones Unidas
y de sus oficinas que velan por la salud y la alimentación planetaria,
la OMS, la FAO y otras numinosas y leguminosas siglas,
comprendemos mejor el trascendental aporte que hacéis
a la promoción del bienestar humano,
particularmente el de las mujeres,
que por el contacto de sus manos con vuestra inspiradora superficie
encuentran razón y fuerza para amar al prójimo en el trabajo
mancomunado.
Nos sentimos anonadados al percatarnos de que carecéis de soberbia
y admiramos vuestra sobriedad, que rehúye todo lujo.
Vuestra simplicidad evangélica y potencial nutritivo
hace caer los muros mejor que las trompetas que rodeaban a Jericó,
tendiendo puentes entre sociedades y culturas.
Oh lentejas, porotos, arvejas y garbanzos
¿cómo fuimos hasta hoy ciegos ante vuestra misericordiosa
condescendencia
que se abaja hasta llegar a todas las mesas familiares
para socorrer las necesidades proteicas de la dieta nuestra de cada día?
Os alabamos por haber elegido a las mujeres rurales, y especialmente
indígenas,
para ser con sus manos las mediadoras de vuestra sapiente nutrición.
El mandamiento mayor, la meta y la consigna que asimilamos de vosotres
es la proclamación del derecho universal a la dieta saludable.
Asumimos como el ideal de nuestra vida
imitaros en vuestra perfección: ser vigorosos y resilientes como una
legumbre,
tener la frescura de una lechuga, la potencia del poroto.
Os suplicamos, sí, que nos libréis de los efectos no deseados
de una digestión problemática: para que el exceso de energía
no se expanda en nuestro vientre y provoque la contaminación auditiva
de una sonoridad vergonzante y vientos tóxicos.
Anatematizamos a la flatulenta vaca que caldea el hábitat
aumentando la temperatura del planeta.
Igual suerte corra la desconsiderada especie ovina,
cuyo olor, aunque signo de cercanía pastoral, lo es también de
contaminación.
Admitidnos en vuestra animosa compañía para que enhebrándonos
como hilos vivientes del mismo tejido vital, eliminemos el supremo mal
que agobia a la humanidad: el hambre.
Reinad en nuestros estómagos y asimiladnos, que vuestros somos.
¡Provecho!


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