¿Qué mejor fecha para comenzar esta tarea de rescate, por el bien de la propia alma y de tantas otras en riesgo de naufragio por las piruetas del piloto, que se ha vuelto un timón loco para la Barca de la Iglesia…?
La fiesta de la dedicación de las basílicas de san Pedro
y de san Pablo: el primer Papa y el apóstol de los Gentiles.
Hace pocos días celebramos la dedicación de la basílica
de Letrán, la catedral del Papa como Obispo de Roma. Hoy hacemos lo propio con
el templo en el cual está la Cátedra del Sucesor de Pedro como Pastor Supremo
de toda la Iglesia, aquel cuya misión es “confirmar en la fe a sus hermanos”
(cfr Lc 22, 32), y con el otro dedicado a la honrar la memoria de quien con sus
escritos alimenta la fe de los creyentes de todas las épocas.
Buena fecha para ponernos bajo su amparo, invocando a la
Santísima Virgen, Sede de la Sabiduría y Reina de los Apóstoles, e iniciar este
servicio de separar la paja del trigo, lo humano de lo divino, las ocurrencias
personales del Papa y las verdades de la Doctrina Cristiana…
¡Dios nos asista!

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